domingo, 30 de junio de 2013

El alcoholimetro

Era 19 de abril de 2011. Salíamos de la fiesta que le organizaron a mi prima Brenda. Nos despedíamos de la familia y emprendíamos el regreso a casa.
Después de salir del lugar, subimos todos a la camioneta.
Al ir por el eje y avanzar unas cuantas cuadras, vimos que había policías y patrullas. Pensábamos que había ocurrido un accidente, pues hacían que los carros se fueran por un solo carril. Más adelante, cerca de la esquina con Insurgentes, estaba el alcoholímetro. Nos espantamos, pues mi papá había  bebido en la fiesta, pero no mucho. Al acercarnos a aquel punto le preguntaron a mi papá si había tomado y el respondió que sí, pues era la primera vez que nos tocaba algo así.
Después de que los policías hicieron que mi papá le soplara más de dos veces lo detuvieron y le dijeron que le tocaba ir al Torito. Mi mamá se espantó y me dijo que bajara de la camioneta para saber qué pasaba porque se querían llevar la camioneta al “corralón”. En seguida hablé con el policía y le pregunté si yo me podía llevar la camioneta, pero me dijo que no porque no tenía licencia de conducir. Para nuestra suerte, mi prima y su esposo estaban detrás de nosotros. El esposo de mi prima fue a ver qué sucedía y, al saber que se llevarían a mi papá, se enojó y habló con los policías para que lo dejaran ir, pero se negaron. Después él se llevó la camioneta y fue a dejar a mi mamá a la casa mientras  yo veía dónde llevaban a mi papá y para saber si estaba bien. Al llegar a la delegación Cuauhtémoc, empecé a ver que podía hacer para que el estuviera bien.
Al llegar junto con él, una chica me ofreció ayuda para que papá no se fuera al Torito y para que saliera enseguida. Soy desconfiado y no le creí. Dentro nos dijeron que esperáramos, pero en realidad era para que se juntaran más personas.
Mi papá preocupado por no saber qué sucedería se empezó a sentir mal. Al pasar de unas horas, bajaron a mi papá a una especie de celdas. Empecé a preocuparme y a asustarme porque la salud de mi papá no era buena. Al bajar con él y ver que estuviera bien le pregunté si quería un jugo o un agua y me respondió que un jugo porque se le había bajado el azúcar.
 Enseguida llegaron mis hermanas con los medicamentos y el dinero que había encargado para que pudiera pagarle a la chava y ella hiciera el trámite para que saliera rápido.
En seguida baje a darle sus medicamentos pero la persona que estaba encargada de las llaves de las celdas estaba mal de un pie. Me desespero y le dije que se apurara porque mi papá se sentía mal. Al pasar de unos 20 minutos, lo llevaron con el médico de la delegación y me hice amigo del de las llaves. Así logré que pusieran a mi papá en otra celda solo. Ya por la mañana,  esperamos el traslado y el papel para que fuera liberado. Primero los trasladaron. Al llegar al Torito. La chica dijo que enseguida saldría al esperar unos 10 minutos. Salió bien contento después de una larga, intensa y estresante noche. Regresamos a casa y ahora cada que vemos un alcoholímetro nos acordamos y nos reímos de aquella noche.         
         


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