Ellos, se encontraron un día. El sol iluminaba aquel atardecer. Fue una tarde de verano como cualquier otra. Ella lo atrajo con su encanto, y el la cautivó con su simpatía. Así comenzó la más hermosa historia de amor. Pasaron los días buscándose. El, cada noche con una desesperación que no lograba comprender. Ella, lo esperaba con ansias, sabía que llegaría a su encuentro, como cada día, como cada noche. Empezaron a nacer frases hermosas. El amor fluyo puro, sincero, y por sobre todo verdadero, porque aquí no habían rostros, no habían cuerpos, solo habían palabras y sentimientos, y eso bastaba para sentir que sus vidas tenían un mismo destino. Ellos empezaron a enamorarse, de la forma más tierna y dulce. Ella lo fue enamorando poco a poco con su simpleza, con su ternura, con su cariño. Él, siguió el camino de la conquista. La protegía, la acompañaba, la hacía sentir aquellas lindas cosas que ella desconocía. Ella, empezó a amarlo. Sintió que él era el hombre de su vida, que lo quería a su lado, para continuar su vida. Él sentía que ella, su linda niña, era la mujer con quien deseaba compartir su mundo, que entre líos y dientes, ella sería la mejor compañía. Ellos se dieron cuenta que se necesitaban. Eran el uno para el otro, se estaban enamorando y poco a poco lo más tierno se estaban deseando. Así llegó el amor a sus vidas. El inseparable amor de ambos, logro destruir barreras, que se impusieron ante ellos, juntos se impondrían ante cualquier reto, que se les opusiera ante su camino hacia su felicidad. Y es así que…
Hoy aún están juntos, se están amando intensamente; se necesitan, se adoran , se profesan un amor inmenso. Los sueños acompañan sus vidas. Un futuro les aguarda, una casa, unos niños que esperan por ellos, para que fundidos en aquella pasión sin límites, los engendren con el más puro sentimiento de amor. Ellos, Hugo y Marisela. Viven sumidos en la alegría y la felicidad, bendecidos por la vida, por haberle ganado a la adversidad. En esta historia ganó el amor.
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